Parece el Apocalipsis en Santiago. Llueve con furia y acá dentro, en la Perrera Arte, al lado del Puente Bulnes que de un momento a otro podría colapsar debido al torrente del río Mapocho, Michael Benítez, más conocido como “Necro”, me saluda con un vaso de pésimo vino en la mano. “Necro” tiene 24 años y tuvo estudios de Arte en el Pedagógico, “pero me salí cuando caché que no podía hacer lo que quería”.

-¿Y lo que querías hacer era esto? -pregunto indicando una guillotina que me apresuro a tocar.

-¡Cuidado! -me alcanza a interceptar-. Es de verdad y funciona.

Lo miro como no creyéndole nada. Pienso sobre cómo es esto de andar fabricando guillotinas en pleno siglo XXI, con gameboy e Internet de por medio.

-Cuando la estaba haciendo -cuenta de manera infidente-, la guillotina cayó y por poco pierdo la cabeza. ¡Me cagué de susto!

Me viene a la memoria una película en la que un gran revolucionario francés, que apoyó el uso de la guillotina hasta para cortarse las uñas, termina guillotinado por orden de su amigo Robespierre. Le pregunto entonces cómo fue que se le ocurrió construir una guillotina.

-Yo trabajo o transformo las cosas que he leído en la Biblia y las hago realidad: escultura -contesta, dándole un rápido vistazo a las restantes dieciséis esculturas y a la cincuentena de personas que las observan con detención. Todos vestidos de negro en un día negro.

-Pero la guillotina -aclaro- no aparece en ningún pasaje de la Biblia.

-Claro, claro, pero construirla tenía otro fin...

Mis ojos se agrandan como globos a punto de estallar. Tatatatán...

-Mira, estoy harto con la delincuencia, tanto con la de cuello y corbata como con la común y corriente. Por eso, me gustaría colaborar a la implementación de esta nueva justicia de la que se habla, regalándole esta guillotina al próximo Presidente.

Enseguida, agrega:

-¿Te gustaría probarla?

Recuerdo el jueves antepasado y el cogoteo del que fui víctima. Cerca de la una y media de la mañana, un tipo me pilló desprevenido y, exhibiéndome una especie de sable, me dijo: “¡Tranquilízate!”. Yo reí. Pero ahora imagino la mano de aquel sable en esta guillotina. La idea me agrada. A veces arte y política van de la mano, mierda.

Intermedio gótico

Mientras Michael circula por su exposición, saludando y verificando que todo esté en orden, me acerco a dos chicas. Ambas lucen sendos teñidos colorinches, ropas negras y carteras estampadas. Una es baja y gordita, mientras que la otra es de mediana estatura y creo que me gusta. La primera se llama Tamara y la segunda Judith. No sé por qué cresta pienso en Lilith, la primera mujer de Adán, y los rayados que se hacían a comienzos de los ’90 en el Barrio Bellavista. Uno, en esa época, no tenía idea de quién se trataba.

-Estas esculturas tienen una libertad muy grande dentro de la oscuridad -espeta la bella Judith.

-No soy gótica. La Judith sí, pero independiente de si uno es o no gótico, a mí me encanta lo que hace “Necro”.

Un tipo que ha escuchado la conversación, con un vaso de vodka en la mano, dice:

-Los góticos siempre arrugan.

-Ahora -aclara Judith-, éste es el clima adecuado para la muestra. Por eso, no quiero pensar que los góticos que conozco y que no vinieron, faltaron porque tenían miedo de ensuciar sus trajecitos.

-¡Viste que “Necro” no es gótico”! -exclama el tipo, que en dos segundos se presentará como Lázaro, el organizador del concurso de arte “Ángeles caídos”.

Lázaro habla con voz profunda, como de vocalista de grupo death metal.

-Esto fue organizado por www.vampiros.cl, www.darken.cl y el estudio fotográfico Ciudad Ensueño, y las categorías eran escultura, arte digital y fotografía.

-Junto a este concurso -agrega Antonio Becerro de la nada- está el

proyecto “Salmón” del colectivo La Chapa, de pintura de grafitis. Ambos conforman la agenda de La Perrera Arte durante septiembre

Interesante, pero como diría Juan Pablo Donoso, a mí no me interesa y huyo hacia otro lugar. Aquí, ahora Marco, un amante del gotic metal, me trae un vaso de vino blanco. Está mejor que el tinto.

-¿Captas lo que está sonando? -pregunta.

Y curiosamente, capto, recuerdo, hago memoria. Me remito a Chillán, a un viejo amigo llamado Camilo. Durante mis vacaciones, él me presentó a este grupo y a muchos más que no quise escuchar.

-Type O Negative -contesto-. Y en la portada del compact, sale una mina desnuda y el vocalista parece enterrarle una cruz en la vagina, ante la atenta mirada del resto de la banda.

Marcos sonríe. Me dice enseguida que anda buscando una vocalista mujer para un grupo que quiere formar onda Type O Negative. Ahora, reaparece Michael Benítez y me lleva a lo oscurito.

En lo oscurito

“Necro” me cuenta entusiasmado que mantiene correspondencia vía mail con el artista suizo que dio vida a Alien, el octavo pasajero.

-Hans Rüdi Giger me dice que le encantan todas mis obras y, para mí, eso es todo un honor.

No sé quién cresta es Giger, aunque se me viene a la mente el tercer Alien. Lo fui a ver con la mamá y el hermano menor de un ex compañero de colegio al ex Cine Olimpo de Viña del Mar. Recuerdo que me extrañó la fotografía de la película excesivamente roja. Al regresar de mi viaje mental, me doy cuenta que un buen número de las esculturas de “Necro”, cual más cual menos, tienen su toque color sangre. Por ejemplo, “La estatua de la mortandad”, símil de la estatua ubicada en Nueva York, luce sutiles manchas rojas; en cambio, “El quinto jinete” al parecer fue víctima de un accidente pictórico.

-No he usado huesos humanos -confidencia contrariado-, debido a los problemas legales que eso acarrearía. Además, no me interesa salir en los medios provocando por la provocación.

Ahora estamos frente a “Jezabel”, la gran ramera de Babilonia. El curador de la muestra, Antonio Becerro, se aproxima para apuntar:

-Si mal no recuerdo, existe una película gringa llamada “Jezabel”, en la que actúa Bette Davis, como una minita del sur que no se acomoda a las convenciones.

-La cacho y no se parece en nada a la escultura de “Necro” -advierto.

-¡No creái! En ambas obras se habla de la ramera, pero desde puntos de vista diferentes. Una es la puta bíblica y la otra es la puta social. -No sabía que tu expo daba para hablar de putas.

-Mi expo, como tú decís viejo, da pa’ todo -aclara “Necro” con autoridad.

-¿Más vinito blanco, León? -ofrece Becerro.

Observo mi vaso plástico, giro la cabeza y respondo con una sonrisa:

-No, gracias. Aún me queda.

Fan show

Luego de decirme que siempre ha encontrado una gran inspiración en la película “Museo de cera”, en la que actúa Vincent Price, Michael Benítez me habla de lo que significa para él “El falso profeta”, otra de sus esculturas.

-Falsos profetas son y han sido Juan Pablo II y Ratzinger, porque se han llenado la boca hablando de los pobres y de los más desvalidos de este mundo, pero lo hacen vistiendo las ropas más caras -dice, para enseguida afirmar con vehemencia-: ¡Nadie puede hablar desde ese púlpito!

Le pregunto si no tiene miedo de que lo clasifiquen ya no de obsceno u oscuro, sino de satánico. Pero me ha escuchado un fan, quien me mira de arriba a abajo y responde ahora con violencia:

-Yo creo que calificarse de satánico sería una huevá, porque siempre se presta para que te agarren pa’l hueveo. Como habla esa canción de (Mauricio) Redolés, y que dice más o menos así: “Soy satánico al peo, veo una prieta cortada y me desmayo”. Y la obra de “Necro” tiene una profundidad de campo, po’ viejito.

El sujeto que ha hablado es joven. De no sé dónde han llegado Tamara y Judith. Al segundo se ha unido Marcos y detrás Lázaro, que se ha levantado de la tumba que era su borrachera. Después de un cogoteo, uno siempre anda más sensible, por lo que mi paranoia aparece con bombos y en platillos. Álvaro Hoppe, el fotógrafo que me ha acompañado en esta aventura, me aconseja al oído:

-Mejor será irnos despacito, León.

Me encojo de hombros como no entendiendo lo que me quiere decir. ¿Irnos? ¿Adónde?

-A la Blondie, porque esto ya está muy fome -agrega serio.

Por un segundo, me imagino con Hoppe bailando en esa disco. Pero, como diría un cronista, estoy “vieja” para esos trotes. Vuelvo a mirar a Hoppe, como pidiéndole explicaciones.

-Es broma, huevón -dice-. Vámonos, que después de la lluvia viene el frío.

Michael Benítez y Antonio Becerro interrumpen nuestra pequeña deliberación con dos vasos plásticos.

-Tomen, es vodka -ofrece el amable Becerro de Oro.

Pero yo, con mi mejor sonrisa, contesto a los sones de una imaginada cumbia:

-No estamos muertos, nos vamos de parranda.
 

Gonzalo León

Fotos: Álvaro Hoppe