Terrorífica estatua de la libertad impacta en “La Perrera”

En el estreno de la muestra, a tres años del desplome de los edificios, los espectadores quedaron silenciosos luego de ver la negra estructura salpicada de pintura roja.
 

Primer golpe de vista: el semi derruido galpón central de la sala de arte “La Perrera” en penumbras, con débiles velas por todos lados. En el medio, una instalación con un llamativo parecido al monumento estadounidense más conocido del mundo. Sobre un pedestal, una estatua pintada de negro que lleva por cabeza una calavera coronada con una estructura metálica similar a rayos, se presenta levantando en su brazo una llama con un cráneo humano. En la otra extremidad un símil a un libro con una inquietante lectura que reza “Necro”, la raíz griega para la palabra muerte. A los pies del engendro, cuatro calaveras vigilan desde sus ojos sin fondo.

 El ingenio se llama “La llama de la mortandad”, negra parodia de la gigantesca guardiana de piedra que protege Nueva York, también conocida como “La llama de la libertad”, la nueva provocación que patrocina el polémico artista Antonio Becerro. El autor de la obra se llama Michel Benítez, quien en todo momento aclara que su seudónimo es “Necro”. A sus cortos 23 años, considera que se trata de “un atentado pacífico, ya que siento como si hubiésemos bombardeado la obra original y lo que está debajo es este ser sediento de muerte y destrucción que representa a Estados Unidos”.

 No es casual que el estreno en sociedad de la impactante creación se realice en estas fechas. “Es parte de una muestra que viene el próximo mes y que por ahora la adelantamos para hablar de la forma en que vemos el 11 de septiembre, así como el rastro de sangre que ha dejado ese día por la crueldad del gobierno de George Bush en Irak y todo el mundo”, explica “Necro”, sin dejar nunca su expresión de severidad extrema.

 La obra no deja indiferentes a los cerca de 150 espectadores que visitan “La Perrera”, quizás influenciados por la música fúnebre que llena todos los espacios del local. “Es súper heavy porque habla de la violencia”, comenta Raúl, un joven estudiante de 26 años.

 -¿No temes que tu obra genere molestia entre los estadounidenses residentes?

 -El arte debe transgredir y creo que estoy dando una interpretación de la historia desde el punto de vista de los damnificados. Muestro una radiografía del gran ícono del gobierno de EE.UU. como un ser sediento de nuevas víctimas y espero que con esto la gente medite sobre lo que pasa. Ésta es una obra fuerte, pero la realidad es mucho peor.

Fernando Marambio

12/09/2004