LA ESTATUA DE LA MORTANDAD

Sin duda el mayor hito urbano de occidente y a la vez la mayor contradicción conceptual la constituye la estatua de la libertad. Pocos monumentos en el mundo dicen tanto como ésta, puesto que la libertad es algo que muchas personas ingenuamente toman por dada, pero la realidad práctica nos demuestra lo inverso, hay bastantes otros que desean decir sus pensamientos sin tener que sufrir represión del estado y más aún, muchas son las naciones que se quisieran manifestar libremente ante el imperialismo de los Estados Unidos y sin embargo esto no ha pasado de ser una quimera.

Ante esta radical controversia, NECRO nos plantea su visión de la popular escultura; poniendo en exposición la Estatua de la Mortandad, obra que nos ilustra la real apariencia de los Estados Unidos para un residente de un país de los tantos denominados como "tercer mundistas"; países que debido a la subyugación totalitaria hacia la "primera potencia mundial", han sido coartados en su libertad de pensamiento y acción, tanto política, social, como económica. Por otra parte nos muestra al estado controlador que después de los atentados terroristas del 11 de Septiembre, se transformaría en estado-fortaleza, en el que las palabras seguridad y militar se escriben con mayúsculas, pero libertad y democracia con minúsculas; aumentando así su xenofobia y racismo fundamentándose en el temor al terrorismo. De esta forma la monumental figura de la muerte vestida de libertad pone de manifiesto la decadencia de la imagen pública de los Estados Unidos.

Lo óseo se nos plantea como evolución de miles de años, sin embargo las formas y estructuras planteadas en la obra nos evoca a una involución, lo decadente, el hedor putrefacto de aquello que permea todas las actividades de la vida: el sangrado de media humanidad y de toda víctima innecesaria de explícitas y oscuras intenciones del poder, lo repugnante de un nuevo milenio que se veía como una promesa de una nueva humanidad, lo que se plantea como más que una escultura, como una puesta en vitrina de lo que la vista evita, un llamado de atención evidente y explícito como bofetada a aquellos que caen en el soporífero mundo de la pérdida de conciencia y el asombro. Quizás dentro de toda esta muerte seamos los gusanos dentro de un gran cadáver, dentro de una gran herida que se pudre con cada gesto de indiferencia. Quizás este gesto antiestético convierta el espacio en un gran mausoleo o en una transitoria tumba que luego seguirá olvidada.